jueves, 3 de febrero de 2011

Nueva reseña de Texturas del miedo

Como esta reseña me ha dejado sin palabras, me limitaré a colgarla íntegramente por aquí.

La autora es Carolina Pastor Jordá (Erein), reciente ganadora del Certamen Todos los Santos 2010 de H-Horror en su categoría de otros sub-géneros, y del VI Certamen Karma Sensual. El texto ha sido copiado del original en la página de El Multiverso, a la que podéis entrar pinchando aquí.

Sin más, os dejo con la reseña. Un millón de gracias, Carolina.

Debo confesar que cuando pensé que quería hacer esta reseña no sabía muy bien cómo redactarla. Parecerá una tontería, pues al fin y al cabo, una reseña sirve para dar a conocer un libro, y recomendarlo o desaconsejarlo según ciertos criterios más o menos subjetivos.
Pero cuando leo muchas por internet, a veces se dedican simplemente a hacer un resumen del libro y a decirnos cosas que podemos conocer fácilmente leyendo la contraportada.
Yo no puedo hacer eso. Al menos no con este libro. ¿Por qué? La respuesta es bien fácil. La primera vez que leí un cuento de este autor, recuerdo que el estilo, su forma de escritura me asfixió; me ocluyó la garganta como solo me ha pasado con un puñado de contados escritores, y luego me hizo llorar con su historia. No creo que se pueda pedir mucho más a un relato. Tenía sus fallos, a mi parecer, desde luego, pero a mí desde ese momento me ganó por completo.
Por aquel entonces desconocía la autoría del relato, y cuando al fin la descubrí, he de decir que fui buscando por internet más escritos suyos y poco menos que le mendigué algún que otro relato.
¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que a mí sus relatos me suelen impactar de una forma especial y en consecuencia me es imposible hablar de ellos sin hacer referencia a los sentimientos que despiertan en mí. Y no lo voy a hacer. Así que aviso de antemano que esta reseña va a ser tan subjetiva como solo puede serlo un sentimiento.
Como he dicho, lo primero que me llamó la atención de Nacho fue su estilo al escribir. Es envolvente. Es capaz de trasladarte directamente a la escena en la que se desarrollan los hechos y mostrarte cosas que en un principio pueden pasarte desapercibidas. Es descriptivo, metafórico y preciosista en muchas ocasiones y en muchas otras, recargado. Muy recargado. Barroco. Y es eso lo que a mí me asfixia. Recuerdo que me pasó por primera vez con un gran escritor, demasiado poco conocido para mi desgracia, llamado Mervyn Peake, al que leí con quince años. Ese fue el momento en el que me di cuenta de que la prosa podía hacer daño al lector. Daño físico, me refiero. Leerlo me oprimía el esternón. Había momentos en los que notaba que no podía respirar debido al peso invisible que su escritura ejercía sobre mis pulmones. Puede parecer que exagero pero juro que no es así. He llegado a sufrir un ataque de disnea leyendo un pedazo de sus libros. Aunque por suerte pasó rápido, porque no es una sensación muy agradable.
Recuerdo que leí entonces en algún lugar que su prosa era “de belleza dolorosa”. Y así conseguí entender lo que me pasaba al leer. Era dolor. Simple y llanamente.
Y desde entonces, cuando me encuentro con algún autor que consigue provocarme  algo semejante, no puedo evitar maravillarme. ¿Y qué le voy a hacer?
Nacho Cid ha resultado ser uno de ellos. No en todos sus relatos emplea esa prosa “de belleza dolorosa”, desde luego. Hay muchos con un estilo más directo y cercano (y aún así, recargados). Son relatos más fáciles de seguir y de digerir y que siguen provocando sensaciones diversas debido a las historias que cuenta y la forma que tiene de contarlas. Con este libro he descubierto muchas facetas que aún no había encontrado en otros relatos que ya había leído. Es decir, este chico es versátil. Es capaz de escribir un cuento en el que sientes la tristeza a tu alrededor, contagiándote como si de un virus se tratase, y a continuación escribe un cuento en el que si consigues evitar soltar unas buenas carcajadas ya puedes considerarte un héroe. Y en medio, existen muchos matices y pinceladas. La verdad es que no hay más que leer el libro para comprobar lo que quiero decir.
Y luego están sus cuentos raros. Son extraños como lo puede ser un sueño. En estos lo mejor es dejarse llevar, al igual que como he dicho, en un sueño. En un sueño no te preguntas el por qué y sin embargo a veces son más vívidos y reales que tu propia realidad. Habrá cosas que tengan sentido. Otras que no. Otras que tal vez tengan un sentido que incluso el propio autor desconoce. En Texturas del miedo hay algunos de esos. El lector podrá adivinar rápidamente a cuales me refiero. Y creo sinceramente que merece la pena probarlos.
Sea como sea, sé que leerle no me va a defraudar. Me gusta pararme y leer sus textos tranquilamente. Disfrutando del acto de leer. Saboreando las frases, que muchas veces son pequeñas obras de ingeniería y poesía al mismo tiempo. Tal vez orfebrería porque a veces, seamos sinceros, le quedan pequeñas joyitas ¿o acaso me equivoco? Coloca las palabras, los símiles, comparaciones y metáforas de una forma también muy característica. A veces, al leer subordinadas dentro de subordinadas, puedes perder el hilo de la acción principal. Con él esto no ocurre o, de nuevo, al menos no me ocurre a mí. Simplemente te lleva de la mano, poco a poco, mostrándote el alma del lugar que describe, de la acción que se está llevando a cabo, o del personaje protagonista de la historia. No te pierdes en su prosa. Puedes ahogarte, pero no perderte.
Recuerdo haberle dicho que su forma de escribir me recordaba a la de Mervyn Peake. Aunque ahora que lo pienso, tal vez debería haber matizado mis palabras y haber dicho que su forma de escribir me producía un efecto similar a la de aquel, pues en realidad, salvo momentos puntuales, sus obras se parecen como un huevo a una castaña.
Pero será mejor que deje de divagar y me centre en lo que nos ocupa ¿no? Los relatos de la antología “Texturas del Miedo”, el primer libro en solitario de Nacho.

El placer de comer.
Este cuento se trata de una revisión de un cuento clásico: la historia de Hansel y Gretel. En este la prosa que emplea Nacho es envolvente. Ese tipo de prosa que a mí personalmente me transporta de lleno al del relato y me deja abandonada en él. Con este cuento nos damos cuenta de la crueldad de muchos cuentos que nos contaban nuestros padres y madres, abuelos y abuelas al ir a la cama. Y ahora, los vemos desde una perspectiva distinta. Más reales. Más cercanos. Tal vez, más desgarradores. Fantasía y realidad entremezcladas para dar comienzo al libro de una forma… brutal. Es un cuento duro. De esos que se graban a fuego en la mente del lector y que recordarlos a veces produce un extraño malestar allá por el abdomen.

La frase: “Sabía a hermano mayor.”

El quimérico autoestopista

Este relato es para mí uno de los “raros”. Es corto, muy corto y muy raro. Y tal vez uno de mis relatos favoritos de la antología (si bien creo que no puedo dar una lista de los que más me han gustado porque no sabría decidirme). No lo sé. Con una historia sencilla en principio y una prosa cautivadora, nos presenta al conductor de un coche que circula de noche por una carretera. La historia es sencilla… sí. Hasta que realidad y sueño se confunden. Conceptos e ideas que son demasiado reales y a la vez no son más que eso: ideas.
No sé, este relato tiene algo. Y es uno de esos en los que creo que ni siquiera el propio Nacho sabía lo que estaba haciendo al escribir. Simplemente dejó que la historia fluyese. Igual me equivoco, pero es una sensación que tal vez produzca a más de uno al leerlo.
Tiene un cierto regusto a Kafka, por cierto.

La frase: “Un hombre que intentaba atropellar sus ideas. Ideas de divorcio. Ideas de suicidio.”

La clase de las tres
Este relato me ganó por completo. He reído a carcajadas con él. No había leído nada “cómico” de Nacho hasta este relato (o tal vez debería decir, nada realmente descacharrante) y la verdad, creo que no he salido decepcionada. Puede que sea tal vez porque he sentido cada una de las cosas que describe: el sopor, los valientes pero inútiles intentos de atender más allá de tus posibilidades, a horas en las que el sistema nervioso parasimpático es amo y señor de nuestro cuerpo. Vamos, a horas en las que tenemos unas ganas de echar la siesta que no veas.
Todo en este relato es ÉPICO. El protagonista, las actuaciones de sus compañeros, el final… Todo.
No tengo más que alabanzas para este relato, la verdad. Un plus de subjetividad.

La frase: “… el perruno profesor de bigotazos elípticos se encaraba con la criatura cartabón en mano, arrojándole tizas de colores con la otra. Le gritaba muy solemne y orgulloso, que era intolerable su comportamiento de aquella tarde, que regresara a su cálida cuna de vísceras y le dejara continuar con su clase porque la aplicación práctica de aquellas teorías entraría de cualquier modo en el examen final.”

La Mujer Violeta
De este relato debo destacar el aura que lo envuelve. La ambientación es magnífica y nos brinda uno de los momentos más mágicos de toda la antología: la primera escena del relato. La de David en el desván. Y tiene también unos personajes fantásticos: David y su madre son seres tridimensionales, casi reales. Por otra parte, comentar también que el estilo, especialmente al comienzo del relato, destaca. Casi parece que la casa que se describe esté viva. Que respire y que observe.
Por otra parte tampoco puedo decir que sea de mis favoritos. Su argumento se intuye fácilmente desde la primera y hermosa escena, y por ello es mucho más fácil de seguir y lineal que la mayoría de relatos que componen la antología.

La frase: “…tenía miedo de ser la madre de un inadaptado, la mamá de un bicho raro. Era ella la que tenía miedo a no ser aceptada.”

De repente, mi casa se convirtió en un árbol de llagas
Este es uno de los relatos en los que más se evidencian las referencias cinematográficas de las que a veces habla Nacho. Y es uno de esos que no le había leído nunca. Me refiero al estilo, a la forma de narrarlo. Es mucho más dinámico que muchos de sus relatos. La verdad es que me sorprendió bastante. Y engancha cosa mala. Intuyes qué caminos va a tomar, a veces te equivocas, a veces aciertas y desde luego, el relato es muy cercano. Me explico: podría pasar o estar pasando en cualquier momento cerca nuestro. Da la sensación de estar viviendo un episodio truculento que realmente ha ocurrido. Puede que incluso pudiese pasarte a ti. Y eso acojona. Al menos a mí. Además, los personajes protagonistas son, de nuevo, muy reales. Destaca Manuel, destacan sus sensaciones y sus pensamientos. Destaca la vida de pareja que hace son Silvia, su mujer, y cómo les afecta esa convivencia. Y lo mejor de todo el relato es ver evolucionar a marchas forzadas a esos personajes hasta que llega un punto en el que son irreconocibles, pero a la vez son ellos.
Y no digo nada más que es spoiler.

La frase: “Y en ese momento, Silvia gritó como nunca había gritado en su vida.”

Alma de cereal
Este relato es hermoso. Por lo que cuenta, por cómo lo cuenta e incluso por lo que no cuenta. Cuando lo leí, había descansado muy poco y quería dormir… Tonta de mí ¿por qué lo leí entonces? Este relato más que otros transmite una pena tremenda y me era imposible sacudírmela de encima. Así que estaba en al cama, sin poder descansar… Y todo por culpa de este cuento.
Pena o tristeza… Da igual, cuando se lee creo que se comprende lo que quiero decir. Al terminar la historia, notaba algo similar a una bola justo tras el esternón. Una bola que a cada momento que recordaba lo que acababa de leer se hacía más grande y profundizaba más adentro. Era pena, era dolor. Era esa “belleza dolorosa” de la que hablaba antes. Y sobre todo, este relato es tristeza, la tristeza y soledad que solo un espantapájaros puede transmitir.
Es un relato duro, hermoso, y triste.
Ya dije que me era imposible hablar de lo que escribe nacho sin hacer referencia a lo que siento al leerlo. Este es un ejemplo.

La frase no puede ser otra: “espantapájaros te hicieron, y como espantapájaros te habrás de comportar.”

Cuando nos quedamos solos
Este relato me ha resultado tan cercano… Me puedo imaginar jugando con mis sobrinos, emulando el curso del relato. Este tal vez me haya impactado precisamente por resultarme algo en extremo conocido. Yo también he sentido miedo a que la manita de alguno de ellos me agarrase desde debajo de la cama como salidos de una película de terror japonés.
Este relato juega mucho con la psicología y los miedos infantiles. También juega con la luz, por decirlo de algún modo. Es decir, moldea una ambientación que sobrecoge de la misma forma que un aliento frío e inesperado en la nuca, de la misma forma que un pasillo demasiado largo y oscuro.
Sí, este es otro que cuando se lee se comprende lo que quiero decir… Aunque supongo que como la gran mayoría de cuentos de esta antología.

La frase: “Jesús temió de repente que la manita trémula de su hermano sesgara la penumbra y agarrara su tobillo por debajo de la cama.”

Lejano, salvaje Oeste
Este es uno de los relatos más largos de la antología. Si tengo que ser sincera, al acabarlo, no sabía muy bien qué pensar sobre él. Sabía que me había partes que me habían gustado y otras que no, y que sin duda, el relato crecía y crecía de manera exponencial hasta un final que es de lo mejorcito del libro, según la opinión de una servidora, por supuesto. Qué final… es recordarlo y me sale una sonrisa en la cara.
Ahora, tras meditarlo, creo que es uno de los relatos que más “poso” han dejado, tal vez por ser otro de los “cuentos raros”. Y decir que este lo es. Mucho.
Pues a ver. El relato está dividido en capítulos, por llamarlo de alguna forma. Al principio nos topamos con un relato clásico del oeste. Se nos presenta un grupo de personajes que van a intentar llevar a cabo una misión: asaltar el tren del dinero. Vamos, lo que se dice un clásico de la literatura del Oeste Americano. Esta parte, personalmente me pareció más floja. Es en sí misma una presentación de personajes y una forma de situar la trama. Para mi gusto tal vez se extienda demasiado. Pero luego llega la que podemos considerar como “segunda parte” en la que el texto cambia por completo. Cambia de arriba abajo y parece que estemos leyendo otra cosa ABSOLUTAMENTE distinta. Y esta parte es un “in crescendo” brutal. Y luego, la tercera parte, otro grandísimo cambio que a la vez sitúa y despista al lector, y que me ha parecido brillante sin paliativos.
Lo dicho, que conforme más pienso en este relato, más me gusta. Y es muy raro. Aviso. Pero me encanta.

Este tiene un montón de frases. Pero voy a quedarme con un par:
“—¿Joder… que si sé atar cuerdas?, ¿crees que soy tan gilipollas o algo de eso, viejo?
—Joder, Billy, pues claro que pienso que eres gilipollas… mierda, si no lo pensara no te lo habría preguntado.”
“Mientras sólo sea esto, doy infinitas gracias a Dios.”

Feel the horror experience
De este relato debo destacar la prosa y el estilo. Es agobiante, asfixiante y homogéneamente recargado. Me produjo al leerlo asco, cansancio, desesperación y terror. Eso es lo que siente la protagonista de este cuento y lo que nos hará sentir en mayor o menor medida.
Personalmente este tampoco es de mis favoritos, tal vez porque intuía el desarrollo del relato antes de empezarlo, y sin embargo es uno de los de mayor belleza formal de la antología, en mi opinión.
Desde luego, interesante es la reacción de la protagonista, y me hace pensar en el paralelismo que pueda existir entre este y otro relato de la antología: “Y de repente mi casa se convirtió en un carbol de llagas.” Pues en los dos relatos se nos muestra lo que el miedo puede hacer a las personas. En los dos, el miedo transforma a los protagonistas.
Hay que ver lo curiosa que es la adrenalina.

La frase: “Se guía por el tacto de sus manos en contacto con las paredes, palpando con las ansias del pavor, aferrándose a aquella situación imposible, pensando con las uñas y respirando entrecortadamente a cada latido desbocado, a cada bocanada de aire viciado, a cada golpe de adrenalina mezclada con lágrimas y mocos, salada y violenta, salvaje y condenadamente real.”

Miedo
Hace honor a su nombre, desde luego. Creo que hacía tiempo que no lo pasaba tan mal con un relato o incluso con un libro. Recuerdo que al leer “Alma de cereal” pensé que no volvería a leer nada de “Texturas del Miedo” en la cama y de noche. No lo hice, así que no me quedó más que atenerme a las consecuencias. Este relato puede parecer sencillo, pero es precisamente porque nos cuenta algo muy cercano, algo que todos, de una forma u otra hemos vivido a nuestra manera: el miedo infantil. Este cuento trata sobre ello. Es el motor del relato y nos muestra a nosotros mismos hace años. Y por supuesto, luego está la historia… Lo he sentido encima de mí. En la cama. Tirando de mis mantas. Pero ahí lo dejo, porque creo que estoy hablando demasiado.

La frase: “… se pasaría toda la noche ahí sentado, mirando fijamente a los ojos de Raúl…”

Cayendo el cielo
Este relato con nombre de canción se ha hecho un hueco en mi corazoncito. Por alguna razón, hay un párrafo que no consigo leer sin que me caigan las lágrimas o al menos, se me humedezcan los ojos.
Nos sitúa en una hermosa tarde, en la que está cayendo el cielo. Una de esas tardes en las que sentimos que todo va bien, en las que nos sentimos vivos, a gusto con lo que nos rodea y en las que deseamos que el tiempo se detenga. Y tras esto, la vida del protagonista está punto de sufrir un giro inesperado… Definitivamente me es imposible hablar de este relato sin que me invada cierta melancolía, así que pongo la frase del relato y dejo que os lo leáis, y que saquéis conclusiones.

La frase: “Ahora es posible que no quieras. Pero dentro de setenta años, le pedirás a tu Dios con lágrimas en los ojos…” No puedo seguir escribiendo. Ya me he puesto a llorar. Bueno, todo ese párrafo.

Nueva Carne
De este me quedo con la prosa y con la idea. Es genial. Es muy original. Trata un tema (no quiero decir más por no estropear nada) de una forma muy curiosa y que nunca pensé encontrar. Este relato es una mezcla de reflexión pero, curiosamente lleno de humor… rebosante, diría yo.
Es muy corto y se encuentra narrado en forma de diario: el diario de un poeta, tal vez, algo especial.
Desde luego este no tiene desperdicio.

La frase: “… estoy casi seguro de que ya no se sienten tan orgullosos de mí como hace unos días…”

Basilio Figueroa
Es una nivola (término inventado por Unamuno para referirse a algunos de sus escritos). Pensaba que no volvería a emplear este término para hablar de un libro que no fuese de Unamuno o de alguien influenciado por él. Las nivolas son textos en los que la realidad y la ficción están tan pegados, tan unidos, que es difícil saber cuándo lo que estás leyendo es real, cuándo no es más fantasía, o cuando no es otra cosa que pura metáfora. La ambientación,  el protagonista, Basilio, y los personajes que le rodean… Todo es muy nivolesco. Es casi como ver la realidad a través de un prisma, o el cristal de una botella. Esta lente va a deformar la realidad y te va a dar así un mundo nuevo, extrañamente parecido al nuestro, pues es el nuestro, pero alterado. Y por supuesto, como buena nivola, sirve para expresar las angustias más profundas del protagonista que a veces, no es otro que el propio autor.
Este relato es sin duda el más personal de la antología y que da sentido a todos los cuentos anteriores, especialmente con su final. Puede que sea una de las cosas más personales que Nacho haya escrito y se nota en cada párrafo, en cada pensamiento o pesadilla de Basilio, en cada una de sus aficiones y acciones. Siempre, por supuesto, contado desde ese mundo parecido al nuestro.
En sí el relato transcurre como un sueño. Es capaz de mostrarnos las pesadillas de Basilio, que muchas veces son nuestras propias pesadillas. Es cierto que como un sueño, no hay que buscarle un sentido a todo. A veces lo tiene, a veces no. Pero en este relato muchas cosas que parecen empleadas al azar en un principio tienen un significado ulterior que puedes percibir, o puedes simplemente imaginar, creando tú, parte del extraño mundo que rodea a Basilio.
En definitiva, es un pequeño gran pedacito de locura, de realidad deformada. Hacía tiempo que no leía algo como esto. Y es bastante más que posible que tarde mucho en volver a leer algo así.
Personalmente opino que hay que ser muy valiente para desnudarse de tal forma ante el lector. No creo que todos los escritores o incluso cualquier persona sea capaz de hacerlo ante otra persona.  Por eso me siento extrañamente privilegiada por haberlo leído a pesar de estar ahora al alcance de todo el mundo.
Además, con el final, si algo me ha quedado claro es que Nacho necesita seguir escribiendo. Y yo por mi parte, necesito que continúe haciéndolo.

La frase: “Así mismo, se le recomienda que abandone sus costumbres como escribiente, pues el proceso creativo se regía por la zona que le ha sido extirpada, y tememos que la continuación de sus absurdos hábitos sin objeto ni finalidad pueda ocasionarle un derrame fatal.”

4 comentarios :

  1. Me ha encantado la reseña, te la has currado Erein y lo más bonito para mi es que hayas puesto qué frases te han marcado más o te han gustado más. Aunque yo los lei todos en su momento me la estoy volviendo a leer de nuevo todos seguidos.

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  2. Graccie taaanti Almu ^_^ Lo de las frases, la verdad es que lo hago mucho cuando leo libros. Si detecto alguna que es especialmente "buah" me la suelo aprender, y si hay demasiadas, me las apunto para luego poder recordarlas o encontrarlas en el libro. Y lógicamente, este no iba a ser menos *-*

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