lunes 30 de enero de 2012

Doble reseña en la web

Nada más agradable e ilusionante que llegar a casa y encontrarte con una reseña de tu libro.
Bueno sí: encontrarte con dos.

La primera es totalmente nueva, publicada en el blog Cruce de Caminos de David Gómez, y que también podemos leer en la web Cultura Hache.

La segunda fue publicada originalmente por Ana Morán en su blog: La Cueva del Huargo, y ahora la podemos leer remozada en la web de reseñas literarias Reseña Libro.

Y lo mejor de todo: parece que la antología fue del agrado de los dos.

sábado 28 de enero de 2012

Should I stay or should I go?


Joe nunca había follado con una alienígena.
Always tease-tease-tease…
Y desde aquel platillo abierto de patas, asomaba la luz fluorescente de su promesa violeta, tentacular.
Tease-tease-tease…
La de cosas geniales/genitales que podrían hacer ellos dos sobre la cama giratoria del OVNI. Ella encima y por debajo, so, sobre, mediante, entre y a través. Él dejándose hacer. Mierda.
Should I stay or should I go?...
Si decidiera ir, se metería en problemas.
So you gotta let me know…
Pero si se quedaba, el riesgo se rasgaría, se duplicaría, ¿quién no querría alguna vez arrancarle los botones de la blusa a esa mujer pulpo, a esa bomba de succión, a esa mujer ventricular?
Should I cool or should I blow?...
Ella llena de orificios, de esfínteres palpitantes, rasurados; llena de ganas de tocar la guitarra.
This indecision is bugging me…
Él con la cabeza loca y la sangre entre las piernas, haciendo que la decisión más evidente se le antojara absurda.
¿Cuánto cobrará la muy alienígena?, ¿en qué moneda hablará?, ¿le valdrán los euros o seguirá anclada en las endogámicas esterlinas?
If you say that you are mine…
Siendo así, le daría igual. Joe siempre había sido muy romántico para los asuntos del meter. ¡Ay! Si ella se dejara…
Bip-bip-bip-bip…
Ya se cierran las compuertas. Tiene que elegir. Sus cientos de boquitas de piñón, abiertas como rosas de labios y dientes, perfiladas en maquillaje sideral, le llaman a batalla. Todas listas para cantar, para volar, para
Suck, suck, suck…
Mierda. Su familia, su grupo, su casa, su perro salchicha. ¡Todo se quedaría allí! Pero es que ella… está… tan… jodidamente… buena…
 Should I stay or should I go...?

Relato aparecido originalmente en el Número 1 de Manifiesto Parapsipunk

martes 17 de enero de 2012

París, Texas

¡Ojo, puede contar partes importantes de la película!

Un lamento de guitarra en mitad del vasto desierto, un hombre que camina con paso decidido, al borde de la deshidratación, quemado por el sol, que continúa vivo por la ley física de la inercia. Camina hacia un lugar del que más tarde conoceremos su nombre. París, dice. Entonces pensamos que está completamente loco, pues andando jamás podría llegar hasta allí. No habla en un principio, ni siquiera parece conocer a su propio hermano, se escapa, huye hacia ese lugar improbable de encontrar en aquel hermoso y crudo desierto. Pero no es el París de Francia, no... es el París de Texas a donde se dirige. Entonces empezamos a pensar que quizá le hayamos juzgado demasiado pronto. Tal vez no sepamos todo. De hecho, probablemente no sepamos nada todavía. Y tardamos casi dos horas más de película en saber lo que le ocurrió a aquel hombre. Por qué una pareja perfecta acabó fragmentada, con sus miembros olvidados y esparcidos, sin esperanzas de volver a encajar nunca más. Por qué el hijo de ambos apenas se acuerda de su padre y vive feliz en el seno de la familia del hermano de este. Son muchas las preguntas, y Wenders no las desvela abiertamente hasta el memorable final, posiblemente uno de los más grandes de la historia del cine, aquel en el que Harry Dean Stanton y Nastassja Kinski se desgarran mutuamente sin mirarse a la cara, con un teléfono para hablar y un cristal de por medio que a él le permite ver y explicar por qué. Con un teléfono para escuchar y un cristal opaco que a ella le permite comprender y recordar qué vino después. Perpetuo distanciamiento, reencuentro necesario pero irreconciliable relación que apenas se despide con un beso, ni un abrazo. El dolor abrasa, los sentimientos hablan por sí mismos, y las palabras no hacen más que subrayar lo que esas caras, esos gestos, esa música y esos colores nos han contado antes.

Wenders obtuvo su mayor éxito de público y crítica con esta verdadera obra maestra, a la que supo empapar en un tono melancólico difícilmente superable en ninguna otra película. El uso que hace de la luz y de la fotografía en exteriores ayuda a crear esa atmósfera única, mostrándonos la América de western urbano que subyace en la conciencia colectiva europea, pero sin traicionar en ningún momento su verdadera esencia intimista, que resulta vital para desarrollar el drama de sus personajes. Personajes cuya presencia subraya con bellas técnicas de luz y colores (es precioso el tratamiento que hace del rojo y del verde, simbólico en muchos casos), pero que de ninguna de las maneras hubieran sido jamás todo lo que son sin las interpretaciones de todos y cada uno de los actores que intervienen en esta memorable cinta. Empezando por el genuino Dean Stockwell hasta la mencionada y maravillosa Nastassjia, pasando como es obvio por el incomparable Harry Dean Stanton, que hace aquí el papel de su vida, una de las interpretaciones más intensas y creíbles que se hayan visto jamás en una pantalla de cine. Si miramos bien, resulta curioso analizar el reparto y el tratamiento de los aspectos típicamente americanos de la película, pues el espectador enterado encontrará que a esos dos actores tan lyncheanos se les une el desolador desierto y Los Ángeles, los cafés y los moteles típicos americanos, los sombreros y las botas de texano, el pelo rubio de mujer y el rojo intenso de un jersey y un pintalabios. No se trata de una película del genio de Missoula, pero de alguna extraña manera su estilismo preciosista pulula por doquier, a pesar de que lo que se nos cuenta difiere por completo con la obra del genio (o no... recuerden ''Una historia verdadera'' y sabrán a qué me refiero...). No obstante, esto no es más que una curiosidad, pues sería injusto tratar de buscar coincidencias cuando estamos aquí ante un director único que consiguió crear con la presente una película irrepetible y colosal.

''París, Texas'' es difícil de analizar en todos sus niveles, y desde luego imposible de hacer comprender en apenas unas líneas. No obstante, su desglose en pequeños fragmentos de dolor e intimidad resulta un deleite para el cinéfilo en particular y para el aficionado a las grandes historias en general. Tiene mucho de psicología, nos habla del amor posesivo, de los celos, de las relaciones paterno-filiales, del desarraigo y de la pérdida de la ilusión esencial que mantiene con vida a todo ser humano. Pero creo que sobre todo, ''París, Texas'' nos habla de las imágenes. De las imágenes que uno se crea sobre otra persona, y de la desilusión que generan en el individuo cuando este descubre que no todo es como pensaba. Por tanto, plantea el peligro de que uno pueda crearse imágenes subjetivas, sobre todo si esas imágenes son creadas respecto a la propia pareja de uno (de nuevo, otra similitud con el Lost Highway de Lynch). Se trata del impacto que supone conocer de golpe lo que antes apenas se intuía. Así, cuando el personaje de Harry Dean se enamora perdidamente de esa preciosa chica mucho menor que él, comete los mismos errores que ya cometiera su padre con anterioridad (que llegó a desear realmente que su mujer fuera parisina de tanto bromear sobre ello, con el consiguiente desengaño al no recibir de ella ese estilo y glamour propio que todos asociamos a los franceses), y cae en la trampa de proyectar un estado de amor idílico alrededor de ellos dos. La historia de lo que ocurrió después no debe ser desmerecida con mis palabras, pues para eso están estos dos monstruos de la interpretación, que nos regalan esos minutos en su memorable mano a mano final.

Con todo esto quiero decir que esta es una de esas películas que no se pueden contar, que hay que ver, pues hace sentir al espectador de la manera en la que sólo las grandes películas hacen sentir a uno, desde el cautivador e intrigante comienzo hasta el último minuto de metraje. Una historia profundamente melancólica, que resulta triste, pero que se nos plantea de una forma en la que no puede tener otro desenlace; todo ello sin caer nunca en la sensiblería, sin resultar ñoña, más bien desgarradora y terriblemente real, humana y sencilla en su planteamiento, y quizás por ello tan sumamente compleja de digerir por un corazón sensible. Una película que trata sobre las imágenes y que de hecho otorga una gran importancia a las suyas propias, preciosistas y en ocasiones de postal, dejando entrever en parte esa razón de ser del cine de los años ochenta, década de la que se erigió como uno de sus estandartes.

Pero no digamos ya nada más, hagamos como Wenders y calémonos de la honda melancolía de su obra a través del silencio, cerremos los ojos e imaginemos ese vasto desierto abrasador... los gañidos de la guitarra de Ry Cooder harán el resto.

sábado 31 de diciembre de 2011

Hora de echar la vista atrás

Hoy es el último día de 2011.
El año en que el Deportivo bajó a Segunda División, algo que tiempo atrás no podría haber creído, y aún hoy se me hace difícil de creer. El año también en que acabé mi carrera de Ingeniero Industrial, algo que, por definición, pensé que no habría de tener fin. El año más difícil de mi vida, sin ningún género de dudas, en el que la realidad se me ha echado al cuello con toda su crudeza y se ha reído de mi falta de vocación. Sin apenas haber tenido tiempo para digerir ese fin de ciclo, la crisis me arrebató el asiento mientras aún sonaba la música, impidiéndome empezar a vivir como se supone que tendría que haber sucedido. Y entretanto, he ido dejando pasar el tiempo aquí y allá, también en Londres y en Bruselas, y parece que desde siempre en un trabajo vampirizante que me merma a ratos.

Pero también, este 2011 ha sido el año en el que me he encontrado a mí mismo. Tras años de flirteo, al fin he podido confirmarme que nací para ser escritor, y que todo lo demás que llevo colgando son rémoras de mi persona que no hacen sino falsear lo que mejor sé hacer en esta vida.

Texturas del miedo ha tenido una buena acogida, dentro de la humilde acogida que puede tener una antología de relatos publicados al amparo de un sello de género y sin distribución. Me ha dado a conocer entre algunos que antes no me conocían, pocos pero entusiastas; y me ha aportado alrededor de una docena de reseñas maravillosas, un divertido certamen de fotografía con el colofón de un book-tráiler y dos presentaciones en las que estuve arropado por familiares y amigos. Más allá de eso, la publicación de Texturas del miedo supuso el empujón definitivo que necesitaba para lanzarme a terminar mi primera novela. Lo conseguí, y a finales del mes de enero puse el punto final a El Osito Cochambre, obra que meses después firmé con 23 Escalones para su publicación y distribución en librerías en todo el territorio nacional. El salto de calidad que necesitaba en todos los aspectos, y que supondrá la primera piedra de toque de este 2012: El Osito Cochambre es todo lo que tenía que escribir en mi primera novela, y creo que sorprenderá a propios y a extraños. De su éxito o fracaso dependen muchas cosas, pero tengo una enorme confianza en que funcione. Veremos qué pasa.

Por otro lado, tal y como me propuse, este año apenas he participado en certámenes, y todo lo que he conseguido han sido réditos del pasado: Premio Nosferatu con Aokigahara, selección en una antología Dolmen con La Zelestina, y poco más. Los días de concursos y escribir sujeto a bases pasaron a mejor vida, y en una evolución lógica han quedado como gusanillo que picar en horas muertas, pero sobre todo como grandioso recuerdo de una época en la que todo parecía mágico. Sin embargo, las mieles de los éxitos pasados son insípidas con el aumento de las expectativas. Y las expectativas de hoy en día pasan por seguir publicando a nivel individual, cada vez con mayor exigencia y con una respuesta editorial acorde a esa exigencia. También es tiempo de escribir lo que quiera y como quiera. Por eso está en cocción mi antología de relatos surrealistas ilustrados, Grotesque, que ya marcha por su tramo final. Y por eso acabé hace poco más de un mes la que es mi segunda novela, Nudos de cereza, que supone un puntito de madurez con respecto a la primera, y en la que tengo depositadas muchas esperanzas de futuro.
Este año 2011, por tanto, lo he cerrado con un total de 10 relatos escritos, la mayoría encadenados al proyecto Grotesque; con el fin de una novela y la elaboración completa de otra. Con un contrato que supone un considerable paso adelante. Y con muchas perspectivas de futuro.

Espero que 2012 me dé para seguir sembrando, pero también para recoger estos primeros frutos, nacidos de la ilusión y el trabajo. Como dice un buen amigo, en esto es imprescindible recibir empujones anímicos para seguir quemando etapas.
2011 me dio ese empujón... y yo me quemé los dedos gastando todas mis cerillas.

Feliz año nuevo a todos los seguidores del blog.

Última reseña del año, en Almas Oscuras

Nada mejor para acabar el año que el hecho de que me reseñen en una de esas webs que reviso varias veces al día, descubierta en este mismo 2011, y que no es otra que Almas Oscuras.

Una web de cine de género, serie B, gore, slasher y todos esos placeres culpables que tanto nos gustan a los amantes del terror; pero que, para variar y darle el toque de color necesario, no ofrece lo mismo que tantas otras del palo, sino que aboga por el análisis, la búsqueda casi patológica de extrañezas, la salpimentación con obras literarias, y la aproximación desprejuiciada a todo este material extraño y hemoglobínico que nos ocupa.

He hablado varias veces sobre el hecho de que Texturas del miedo no es una antología de cuentos de terror, sino una recopilación en forma de alegoría que expone todos los miedos de una etapa muy concreta de mi vida. No obstante, como no podía ser de otra forma, desde Almas Oscuras han sabido captar ese horror inherente a la obra y lo han resaltado sobre el resto de factores, redescubriéndome a mí mismo lo que de universal tiene el horror.

Es, por tanto, una reseña fresca, distinta a las que uno suele recibir del mundillo, y por eso me parece tan descontaminada como límpida en su análisis. Es, sin duda, una gran forma de acabar este año, el 2011, el de Texturas del miedo. Y desde aquí quería aprovechar para agradecérselo a su artífice, Joan Lafulla, a quien prometo seguir cultivando el género aunque sea a deshoras... y siempre, siempre, desde mi prisma personal: el de los miedos interiores, que son los miedos que valen, porque son aquellos que llevamos clavados a la carne.

Podéis leer la reseña pinchando aquí.

martes 20 de diciembre de 2011

In the mood for love

Ni la propia cámara de Wong Kar-Wai se atreve a mirar a los ojos de nuestros protagonistas. Quizá por miedo a quebrar cada susurro, cada mirada furtiva que no encuentra respuesta, cada plano de exquisita tensión sexual y doloroso hálito de pasión que se escapa sin tan siquiera tener la oportunidad de haber llegado.

La composición de esta sublime obra maestra responde a una sensibilidad de poeta inusual en el mundo del cine actual. Su delicada y exquisita banda sonora envuelve unas imágenes que apenas rozan la pantalla, un hombre y una mujer que sin decirse más que cuatro palabras hacen que sepamos (o sintamos) todo aquello que quieren decirse y ocultarse... sin que apenas abran la boca, sin que les veamos besarse una única vez, tratando de que nadie les descubra, sin saber que sólo los espectadores somos testigos de su dolor, de su yaga solitaria que cura macerando en el seno de su propio infortunio.

Por eso Kar-Wai Wong oculta su objetivo entre cortinas, graba reflejos a través de cristales, muestra trazos de amantes sin su otra mitad; porque no quiere inmiscuírse en algo que tan sólo debieran compartir ellos dos, algo espinoso y de triste solución que se les escapa sin que puedan hacer nada por evitarlo, pues no se sienten dueños de ese destino caprichoso que les voltea la vida por completo.

''In the Mood for Love'' es una de las películas de amor más bonitas que se hayan hecho jamás, y desde luego también una de las más tristes y melancólicas, pura poesía audiovisual, virtuosismo de dirección y escuela de interpretación. Los dos actores protagonistas (primera de las dos colaboraciones consecutivas entre la espectacular Maggie Cheung y el comedido Tony Leung) rozan la perfección, pues su actuación nace de una química mutua sólo comparable a la simbiosis necesaria para dar con la idea y el tono exactos que el director tenía en mente. El guión es en apariencia tan sencillo como todo lo que conforma la película, basándose en la turbadora relación que surge entre dos vecinos a raíz del descubrimiento gradual por parte de ambos de las recíprocas infidelidades cometidas por sus respectivas parejas. No obstante, partiendo de aquí, lo siguiente que debemos decir es que la película se convierte (como le pasan a todas las grandes películas) en una experiencia más allá del cine, sin dejar de ser en ningún momento un soberbio ejercicio de pura cinematografía, de arte sensorial estructurado en torno a la música y a las imágenes, cuya suma de sus preciosas partes dan lugar a algo más importante, tejido y entrelazado con la fibra de los propios sentimientos velados que emana dolorosamente a través de sus fotogramas, casi como un llanto contenido, o un abrazo, un beso o algo más físico.

Kar-Wai se sabe en todo momento conocedor de ese punto exacto donde las emociones fluctúan entre la contención y la visceralidad, y nunca se digna a traspasar una frontera que sería de no retorno para ambos protagonistas, al menos de cara al público (entre los que nos encontramos nosotros al mismo nivel casi que aquellos otros a los que quieren ocultar su ''relación''). Por eso nunca muestra en pantalla ningún roce que nos invite a pensar en algo parecido al sexo, a la consumación de su amor, ni tan siquiera un beso... nos deja que pensemos lo que queramos de aquel furtivo encuentro, de aquellas horas interminables escribiendo, paseando a solas... pero nunca revela nada directamente en pantalla. Quiere con ello guardar el secreto de un amor inesperado que ambos desearían no desear tan ardientemente, por el que jamás llegan a luchar de manera abierta, superados por un miedo que no está más allá de ellos mismos, pero al que no tienen el valor suficiente de hacer frente.

Al final, cuando él intenta regresar, ya es demasiado tarde, y lo más triste es que intuímos que él ya lo sabía desde el principio. Porque desde un principio sabemos que al final, todo lo deseado más que vivido, quedará relegado a esa intimidad de un muro de piedra perdido entre las ruinas de Camboya, donde cualquier secreto o pasión hiriente pudieran descansar en el letargo momificado del olvido, a pesar de que el olvido abandonado sea un dulce y melancólico veneno que mine lentamente la vida de quien deseó amar pero nunca se atrevió a hacerlo.

miércoles 14 de diciembre de 2011

Revelaciones de un editor


Pronto hará un año de la publicación de Texturas del Miedo. Es evidente que ya no soy el mismo escritor que colocó el punto final hace ya más de dos años al último de los relatos que forman parte de esta antología. Ahora no ejecutaría esos cuentos de la misma manera. Algunos ni siquiera me apetecería escribirlos en esta etapa de mi vida. Sin embargo, la publicación de Texturas del Miedo fue justo lo que necesitaba en ese momento. Y sin esta primera antología, puede que jamás hubiera escrito todo lo que vino (y vendrá) después.

No quiero decir que estos cuentos sólo tengan valor en perspectiva, pues creo que algunos de ellos son lo mejor y más íntimo que haya escrito nunca. Lo que quiero decir es que a lo largo de estos veinticinco meses he madurado como escritor hasta el punto de que jamás me lo hubiera creído entonces. Por eso me alegra leer las palabras de Juan Ángel Laguna Edroso, mi primer valedor en este mundillo, sincerándose sobre las impresiones que le causaron mis relatos. Me agrada y sorprende el respeto y la naturalidad con que rememora su decisión. Y me sorprende estar de acuerdo con casi todo lo que dice. Siempre pensé que lo más importante es ser fiel a uno mismo, y no sólo con lo que se escribe, sino en todas las facetas de esta vida. Y que a uno le reconozcan —y le respeten— eso, creo que es lo más bonito que puede esperar de otra persona.

Dejo el enlace a su blog, Edit-ando, para quien quiera echar un vistazo a las palabras de Patapalo.
Unas palabras que me han alegrado el día, y que posiblemente supongan uno de los últimos coletazos de esa intensa experiencia que fue publicar mi primera antología de relatos con Saco de Huesos.

sábado 10 de diciembre de 2011

Texturas del Miedo, ya en digital

Una buena noticia para el día de hoy: mi primera antología de relatos, Texturas del Miedo, ya está a la venta en formato digital por tan sólo cuatro euros. El libro saldrá en formato pdf y epub.

En el proceso de digitalización de todo el catálogo de la editorial Saco de Huesos, por fin le tocó el turno a mi primera criatura; algo bastante oportuno debido a las fechas a las que nos acercamos.


Como la publicación de El Osito Cochambre con 23 Escalones está prevista para el mes de enero, y muy posiblemente para después de Reyes, creo que el lanzamiento de Texturas del Miedo en ebook es una buena oportunidad para avivar la llama del consumismo navideño literario. Ejem...

Ya que sois bastantes los que me habéis ido preguntando por la salida en digital de la antología y no me acuerdo de todos, me tomaré la libertad de avisaros por facebook y que así tengáis la oportunidad de regalároslo estas Navidades.

Disfrutadlo.

domingo 20 de noviembre de 2011

Cuando se acaba una novela

Cuando se acaba una novela, uno siente que ha hecho lo correcto, que se acaba de inmortalizar en un pedacito más de ficción, y que deja constancia de su deseo vital de transcender, al menos hasta ese punto y final.
Más allá de la humilde y virtual deposición de sus anhelos, engarzada en palabras y sentimientos personales, no queda otra cosa que el afán por sentirse incompleto durante el proceso de creación, o el miedo a no llegar nunca a acabarla.
Pero una vez se coloca ese último punto, todo lo demás es residual, propio del oficio y como tal prosaico, prescindible y bruto.
Correcciones, opiniones y un hatillo para conocer mundo más allá de la pantalla de su ordenador.
Y finalmente, la espera, el tiempo lento y perezoso.

Pero por hoy, ya he dicho todo lo que tenía que decir, y esta vez parece que he contado más de lo que tenía pensado contar.
Sin duda, no es equiparable a la dimensión emocional de El Osito Cochambre, pero supone un punto de madurez en mi carrera y una incontestable superación personal a la prueba de escribir sin recurrir a la fantasía.
En Nudos de Cereza todo parece más probable, aunque puede que sea igual de irreal.
Y es la segunda novela que acabo en este 2011, lo que no sé si significará algo, pero desde luego despertaría la incredulidad de mi propio yo de hace poco más de un año.
Sea como fuere, la suerte está echada, pues la magia acabó aquí, tal día como hoy, enfermo de elecciones, mientras se cierne sobre nuestras cabezas un futuro tan incierto como el que nos amenazaba hasta ahora.
Tengamos todos un buen y lluvioso día.

martes 1 de noviembre de 2011

Fallo del Certamen "Todos los Santos 2011"

Hoy, día señalado para todos los amantes del terror, se ha fallado el Certamen de Todos los Santos 2011 en la web Cultura Hache (evolución de la entrañable web H-Horror, del gran Darío Vilas).
Debo admitir que, absorbido por la novela y el trabajo, ni siquiera me acordaba de este bonito certamen, coordinado por Elena Montagud, por lo que ha sido toda una sorpresa verme entre los diez finalistas (por detrás de los dos ganadores, todo hay que decirlo) de una convocatoria que ha reunido más de 150 relatos, y que tenía su categoría principal en el mundo del relato zombi.
Si bien es cierto que esta temática nunca ha sido mi preferida, es quizá una de las que mejor se me dan en certámenes, pues intento siempre alejarme de lo manido, innovando y poniéndome una meta diferente, a veces tan costosa como en el caso que me ocupa: La Zelestina apenas tiene 2.200 palabras, pero me llevó meses y sudor de escritura y trabajo sumergido. Escrito originalmente para uno de los volúmenes del malogrado PerVersiones, tuve que releer La Celestina y aprender la manera de utilizar ese castellano antiguo de una forma que pudiera transmitir ironía y modernez, sin renunciar además a la dramaturgia de la escena del clásico. Fue quizás el relato más difícil de escribir de toda mi vida, pero también uno de los que más orgulloso me siento, por lo que podéis imaginar que este puesto de finalista me hace más ilusión que nunca. Además, todos los relatos seleccionados pasarán a formar parte de una valoración para una Antología Z con la editorial Dolmen. Ver mi Zelestina en librerías sería ya la guinda perfecta al esfuerzo y la ilusión que le puse, allá cuando aún tenía tiempo para esforzarme en innovar con relatos.
Enlazo el fallo en este link. Enhorabuena también, como no, al resto de finalistas y premiados.

Por otro lado, debo decir que desde hace ya varias semanas, Joan Lafulla, webmaster de esa maravillosa página de cine y literatura gore que se llama Almas Oscuras (nido de joyas por descubrir y que recomiendo encarecidamente a todos los amantes del género), tuvo a bien regalarme un banner publicitario de Texturas del miedo, que no dudó en apoyar desinteresadamente después de su amable lectura.
Sirva este breve comentario como agradecimiento público a su entusiasmo y ayuda.

lunes 24 de octubre de 2011

Acabando de escribir y escribiendo de empezar

Agarrotado por un trabajo que me ama y me tiene preso, el poco tiempo que me escapo de su abrazo es para dar forma a mis proyectos, ahora claros por primera vez desde que escribo.

Mientras espero que El Osito Cochambre me descubra al mundo como novelista, y confiando en que no podría tener mejor carta de presentación que la que anuncia su sucia tela de trapo, me encuentro finalizando como una hormiguita lo que empecé con brío y un montón de tiempo libre. Dos proyectos que me han absorbido desde antes del verano, y que ahora están viviendo su final y su catarsis.

El primero de ellos, "Grotesque", una antología de relatos surrealistas ilustrados por mi compañero Javier Durán, que está poniendo en imágenes lo que con tanto mimo preñé entre horas y parí a golpes de inspiración. A falta de acabar de ilustrarlo y de rematarlo con un domingo a la altura, la antología del semanario onírico ya es una realidad que espero acabar para finales de año, allá para cuando me encuentre entre las garras celosas de mi Osito y sus 23 Escalones.

El otro es una nueva novela, finalmente distinta a la que tenía en mente, heredera de mis primeras y mis últimas lecturas. Experimento de clasicismo con olor a verano, en el que se investiga sin saber investigar, y en el que se recuerda la infancia a medias para olvidarse a medias del presente. Su título aún no lo diré, porque no está bien divulgar el nombre de lo que aún no ha nacido. Creo que es una evolución de lo que ya está escrito, aunque no sé si es una evolución a mejor, y ni siquiera si eso importa. También el mono evolucionó a hombre y nadie sabe si fue a mejor.
El caso es que confío en poner el punto final durante este mes de noviembre, diciembre como tarde.
Si lo consigo, habré logrado para 2011 lo que me propuse allá a finales de 2010: escaparme de la farándula de los concursos, que tanto me han dado —no vayamos a ser más hipócritas de lo necesario—; y sentirme más escritor que nunca: libre y con objetivos, novelista y relatista. Orgulloso de seguir escribiendo lo que quiero para publicar lo que buenamente me dejen.

sábado 22 de octubre de 2011

Tarde de premios

El pasado jueves se celebró el Segundo Encuentro de Calabazas en el Trastero en Madrid, que contó entre otras actividades con la entrega de algunos de los Premios Nosferatu concedidos hasta la fecha.

Se repartieron tres: a L.G.Morgan por su relato El Círculo de los Viernes en el Calabazas de Poe; a J.A.Laguna por su aportación de título Medianoche al Calabazas Tijeras; y a un servidor, por mi relato Aokigahara en la selección del Calabazas Bosques.

La tarde estuvo amenizada por la intervención de varios de nosotros, abarcando desde un sentido monólogo de L.G.Morgan sobre el proceso de escritura de su relato premiado, hasta un monólogo de humor sobre los zombis interpretado por Laura Luna, maestra de ceremonias del acto; pasando por mi charleta sobre otras formas de hacer terror, basadas en el surrealismo y el realismo mágico.

Siempre es un placer poner caras nuevas y reencontrarte con viejos amigos de oficio y pasiones, por lo que espero que esta convocatoria tenga continuación en los meses próximos.
Valga esta entrada a modo de álbum fotográfico del evento.

Nota: señalar que a la entrega de premios llegó por fin la edición de la antología del certamen Monstruos de la Razón II, con Saco de Huesos, certamen con el que me di a conocer en el mundillo gracias a mi relato Alma de Cereal.

 
 

miércoles 19 de octubre de 2011

Entrega de los premios Nosferatu en Madrid

Mañana jueves estaré en Madrid hablando sobre literatura de terror y recogiendo mi premio Nosferatu junto a un buen puñado de amigos escritores, editores, y espero que también lectores.
El anuncio de la fiesta es el que sigue:

Estimados lectores,


tenemos el placer de anunciaros el segundo encuentro de Calabazas en el Trastero, que tendrá lugar en Madrid el próximo jueves día 20 de octubre a las 19:30 horas en la cervecería Black Corner (C/ San Bernardo, 90).


Está prevista la entrega de algunos de los Premios Nosferatu y la presentación del nuevo número de la colección: Día de difuntos. Por supuesto, os reservaremos alguna sorpresa y esperamos vuestra participación activa, como en el pasado encuentro.


Además, tendréis la oportunidad de comprar vuestro ejemplar de Texturas del miedo firmado por el autor.

¡Allí os espero!

jueves 29 de septiembre de 2011

Ganador del Premio Nosferatu, Calabazas en el Trastero: Bosques

Toda una sorpresa y una alegría llegar a casa y descubrir que soy el ganador del Premio Nosferatu 2010 otorgado al Calabazas en el Trastero: Bosques; antología en la que ya hace algún tiempo fue seleccionado mi relato Aokigahara (una historia de terror nostálgico y sin monstruos a los pies del monte Fuji, en Tokyo).

Este premio se otorga a uno solo de los 13 relatos seleccionados de cada antología calabacera, mediante una votación popular entre los lectores de la revista que así lo deseen. En esta ocasión, mi relato resultó vencedor con un 20% de los votos.

El fallo completo se puede leer bajo estas líneas:

Estimados lectores:

Tenemos el placer de comunicarles que el Premio Nosferatu de la antología Calabazas en el Trastero: Bosques ha recaído sobre el relato
Aokigahara, de Ignacio Cid Hermoso.

La obra ha recibido el 20% de los puntos adjudicados en las votaciones de los lectores.


Los resultados de las cinco primeras obras clasificadas son los siguientes:


Aokigahara (Ignacio Cid Hermoso) - 20%

Deconstruyendo a John Doe (Juan Ángel Laguna Edroso) - 19%
El secreto (Pedro Escudero Zumel) - 15,00%
El ciclo (Carlos Pérez Jara) - 13%
La sospecha (Pilar Alberdi) - 13%

Muchas gracias a todos por vuestra participación.


Os recordamos que sigue abierto el plazo de votación para los Premios Nosferatu: Peste y Monstruos de cine. Para enviar vuestros votos, solo tenéis que mandar un correo electrónico a
nosferatu@bibliotecafosca.es indicando vuestros cinco relatos preferidos, de mejor a peor.

Atentamente,


Juan Ángel Laguna Edroso

Editor
Saco de huesos, SL


Paso así a formar parte del elenco de escritores que se han llevado este fabuloso premio, recogiendo el testigo de Darío Vilas, Juan Ángel Laguna, José Miguel Vilar-Bou o Pedro Escudero.
Mi más sincero agradecimiento a todos los que me votaron.