domingo, 20 de noviembre de 2011

Cuando se acaba una novela

Cuando se acaba una novela, uno siente que ha hecho lo correcto, que se acaba de inmortalizar en un pedacito más de ficción, y que deja constancia de su deseo vital de transcender, al menos hasta ese punto y final.
Más allá de la humilde y virtual deposición de sus anhelos, engarzada en palabras y sentimientos personales, no queda otra cosa que el afán por sentirse incompleto durante el proceso de creación, o el miedo a no llegar nunca a acabarla.
Pero una vez se coloca ese último punto, todo lo demás es residual, propio del oficio y como tal prosaico, prescindible y bruto.
Correcciones, opiniones y un hatillo para conocer mundo más allá de la pantalla de su ordenador.
Y finalmente, la espera, el tiempo lento y perezoso.

Pero por hoy, ya he dicho todo lo que tenía que decir, y esta vez parece que he contado más de lo que tenía pensado contar.
Sin duda, no es equiparable a la dimensión emocional de El Osito Cochambre, pero supone un punto de madurez en mi carrera y una incontestable superación personal a la prueba de escribir sin recurrir a la fantasía.
En Nudos de Cereza todo parece más probable, aunque puede que sea igual de irreal.
Y es la segunda novela que acabo en este 2011, lo que no sé si significará algo, pero desde luego despertaría la incredulidad de mi propio yo de hace poco más de un año.
Sea como fuere, la suerte está echada, pues la magia acabó aquí, tal día como hoy, enfermo de elecciones, mientras se cierne sobre nuestras cabezas un futuro tan incierto como el que nos amenazaba hasta ahora.
Tengamos todos un buen y lluvioso día.

martes, 1 de noviembre de 2011

Fallo del Certamen "Todos los Santos 2011"

Hoy, día señalado para todos los amantes del terror, se ha fallado el Certamen de Todos los Santos 2011 en la web Cultura Hache (evolución de la entrañable web H-Horror, del gran Darío Vilas).
Debo admitir que, absorbido por la novela y el trabajo, ni siquiera me acordaba de este bonito certamen, coordinado por Elena Montagud, por lo que ha sido toda una sorpresa verme entre los diez finalistas (por detrás de los dos ganadores, todo hay que decirlo) de una convocatoria que ha reunido más de 150 relatos, y que tenía su categoría principal en el mundo del relato zombi.
Si bien es cierto que esta temática nunca ha sido mi preferida, es quizá una de las que mejor se me dan en certámenes, pues intento siempre alejarme de lo manido, innovando y poniéndome una meta diferente, a veces tan costosa como en el caso que me ocupa: La Zelestina apenas tiene 2.200 palabras, pero me llevó meses y sudor de escritura y trabajo sumergido. Escrito originalmente para uno de los volúmenes del malogrado PerVersiones, tuve que releer La Celestina y aprender la manera de utilizar ese castellano antiguo de una forma que pudiera transmitir ironía y modernez, sin renunciar además a la dramaturgia de la escena del clásico. Fue quizás el relato más difícil de escribir de toda mi vida, pero también uno de los que más orgulloso me siento, por lo que podéis imaginar que este puesto de finalista me hace más ilusión que nunca. Además, todos los relatos seleccionados pasarán a formar parte de una valoración para una Antología Z con la editorial Dolmen. Ver mi Zelestina en librerías sería ya la guinda perfecta al esfuerzo y la ilusión que le puse, allá cuando aún tenía tiempo para esforzarme en innovar con relatos.
Enlazo el fallo en este link. Enhorabuena también, como no, al resto de finalistas y premiados.

Por otro lado, debo decir que desde hace ya varias semanas, Joan Lafulla, webmaster de esa maravillosa página de cine y literatura gore que se llama Almas Oscuras (nido de joyas por descubrir y que recomiendo encarecidamente a todos los amantes del género), tuvo a bien regalarme un banner publicitario de Texturas del miedo, que no dudó en apoyar desinteresadamente después de su amable lectura.
Sirva este breve comentario como agradecimiento público a su entusiasmo y ayuda.