domingo, 31 de julio de 2011

Entrevista en OZ y nuevo número de LZNSL

Este fin de semana se acumulan las buenas noticias.

En primer lugar, ya podéis leer en el portal OcioZero la completísima entrevista que me hizo Fernando Martínez Gimeno hace unos días, en la que pudimos hablar largo y tendido de mi antología, Texturas del miedo; de mis proyectos más inmediatos; y de un montón de cosas más relacionadas con el mundo de la literatura.

Agradecerle desde aquí, una vez más, su tiempo y su interés por mi obra en particular y por la de los escritores que hemos publicado con Saco de huesos en general.

Por otro lado, ya está lista para su descarga, en las tres modalidades de siempre, el número de verano (el séptimo ya) de la revista pulp Los Zombis No Saben Leer.

A la par que un nuevo diseño de la página web, mucho más completo e intuitivo, os brindamos un número de lo más trufado, con varias novedades y más de lo de siempre: Bosonman, de Félix Royo; la nueva Crónica de los ángeles caídos, de Óscar Torres; además de varios relatos entre los que destacan los de Carolina Pastor y Elena Montagud. Con ilustraciones de Javier Durán, Sergio Navarro y Raquel Tormo; la revista publica además Polonaise, un relato de romanticismo barroco que escribí hace ya un par de años y que tenía muchas ganas de que viera la luz. También se anuncia la publicación de Texturas del miedo, acompañado de un jugoso fragmento de mi relato favorito: Basilio Figueroa.

¡Disfrutadla!

jueves, 28 de julio de 2011

Elena Montagud reseña Texturas del miedo en H-Horror

Tenemos nueva reseña de Texturas del miedo.

Y en esta ocasión me hace especial ilusión porque es una de esas veces en las que se nota que la autora de la reseña, Elena Montagud, ha conectado a casi todos los niveles con mi antología.

Siempre he defendido que, dentro de unos parámetros de corrección, y respetando la temática y el estilo del autor (que son los motivos que, en principio, deberían llevar a alguien a leerse cualquier libro), una obra, ya sea novela o colección de relatos, gusta a una persona cuando en ese momento comparte inquietudes vitales y cierta corriente de pensamiento (sobre todo artística) con el autor.
En este caso, me congratulo de que haya eclosionado esa extraña magia.

A continuación dejo el enlace a la reseña completa, y ya de paso a esa estupenda web de mi amigo (que hace cierto el tópico de gran escritor y mejor persona) Darío Vilas, de nombre H-Horror, y a la que ya me he referido alguna que otra vez en este mismo blog.

Sin más, agradecer a Elena (más conocida en foros como Yume) su tiempo y su sinceridad, pues coincido en ella tanto en lo bueno como en lo malo que señala; y para despedirme paso a copiar una de las frases que más me han gustado de la reseña, y que creo que hace honor a mi "método" de escribir:

"Ignacio Cid no tiene pelos en la lengua, escribe con impulsos, movido por el placer de la posesión de las musas".

Ahí es nada.

miércoles, 13 de julio de 2011

Benny's Video, de Michael Haneke

En un momento dado, Benny abre la bolsa que llevaba la chica (a la que acaba de matar impávido con su pistola para sacrificar cerdos). En su interior halla una bola con algo dentro. La abre para ver qué hay en su interior, pero no encuentra otra cosa que una bola aún más pequeña. Repite la operación y vuelve a encontrar otra bola más pequeña todavía. Es en ese instante cuando aparta el juguete con desdén, pues ya no constituye ningún estímulo para él...
Esta breve e inadvertida escena (dentro de uno de esos inacabables e intensos planos-secuencia con los que Haneke dicta cátedra) constituye la síntesis perfecta del comportamiento psicópata cuyo estudio objetivo propone Haneke en esta ocasión. Aunque para ser exactos, no es un estudio lo que propone, sino una exposición documental que nos permite el ''voyeurismo'' a través de la propia cámara de vídeo de Benny y de la mismísima cámara de este genio del cine.

Haneke no apoya sus cintas en el argumento, sino en los comportamientos de sus personajes, que define con extrema frialdad a través de sus actos, mientras permanece impávido a la hora de afrontar las terribles consecuencias que derivan de sus comportamientos. Es por eso que su cine no parece destilar calor o humanidad (algo que también se le reprochó a Kubrick en su momento), pero nada más lejos de la realidad, pues no es más que su estrategia disfrazada de estilo para acercarse a estos valores y comportamientos humanos desde una posición más cerebral, evitando sensiblerías para que el espectador disponga de una exposición objetiva y así pueda forjar sus criterios más allá de la visceralidad que suele inocularnos la pantalla.

Es este contraste, quizás, lo que no soporta el gran público. O tal vez la obligación de tener que afrontar la realidad de casos como el que se nos cuenta en esta controvertida cinta; de tener que asumir, en definitiva, su parte de culpa al permitir que cosas así sucedan. Ya en su segunda película (también en su ópera prima), Haneke hace uso de ciertos elementos estilísticos (y temáticos) que irá puliendo a partir de entonces hasta alcanzar algo parecido a la perfección en su obra maestra ''Caché'': la confusión óptica y temporal producida por la inserción de imágenes de vídeo doméstico en la trama de la propia película; el plano-secuencia estático y larguísimo que le permite sacar de la escena los detalles más escabrosos, dotando paradójicamente al plano de una tensión imposible que de otra forma no conseguiría; la televisión encendida emitiendo un continuo flujo de noticias sobre guerras y demás sucesos sociales y políticos especialmente violentos; la pasividad con que los personajes parecen encajar esas noticias, como una trama paralela y amplificadora de la propia historia principal a la que nadie hace caso (cuanto menos el mismo que Benny parece hacer al hecho de haber asesinado en su propia casa a una inocente jovencita).

El hecho es que ''Benny's Video'' constituye una reveladora radiografía del arquetipo de familia acomodada de clase media-alta en una sociedad europea avanzada, pero a la vez arraigada en costumbres clásicas, como es la austriaca, con esa tendencia a ocultar bajo la alfombra la suciedad de la casa. La radiografía de un adolescente que carece de empatía, que se mueve por el fugaz instinto del capricho y de la efímera satisfacción, que ha visto suplida la falta de amor y atención paternal por un montón de caros juguetes audiovisuales, que no hacen sino deshilachar los pocos lazos que le unen con el resto de seres humanos, pues filma su vida en lugar de vivirla. Podemos ver en esto una feroz crítica hacia la televisión y el consumo de violencia gratuito, que no hace sino aturdir nuestros sentidos y aguzar nuestra insensibilidad (véanse las escenas en las que Benny escucha música heavy a todo volumen mientras en la tele tiene puesto un vídeo de extrema violencia).

Spoilers

Y sin embargo, y aquí viene el punto de fractura, es tan escalofriante el comportamiento del adolescente (encarnado por el mismo y brillante actor que más tarde rodaría con su mentor la incomparable ''Funny Games'') como el de sus padres: la conversación que mantienen ambos progenitores (y que supondrá el último y ¿sorprendente? capricho de Benny, como comprobaremos al final) es un tributo a la frialdad, al comportamiento inhumano y la falta de valores de un grupo social al que todos nosotros pertenecemos en mayor o menor medida. En todo momento, el padre es el que toma el mando y conviene con su esposa que lo mejor será que ella y su hijo se alejen por un tiempo mientras él descuartiza a la niña en trocitos pequeños que puedan colarse por el sumidero. Así de bizarra es la escena (aunque como siempre, Haneke nunca muestre, sólo insinúe), y nunca se menciona en ella que se le haya arrebatado la vida a una pobre niña, sino el hecho de que Benny no debería ser entregado a la policía porque aún es muy joven para echarle a perder en un correccional, amén de que ellos como padres pudieran ser denunciados por negligencia grave.
La familia, ese extraño vínculo que pasa por ser la base de toda sociedad y que Haneke siempre identifica como grupúsculo forjado a golpe de monótona rutina (y suministro de una falsa seguridad al individuo), pasa a ser el elemento distanciador y a la vez protector que aísla a Benny de la culpabilidad, quien carga toda la responsabilidad sobre su violada moral y tira para delante por puro egoísmo o, mejor dicho, por puro y duro instinto de supervivencia.
Al final, siguiendo una perfecta lógica formal, veremos cómo los padres de Benny entran a una comisaría desde la cámara de vigilancia del recinto, plano que Haneke mantendrá durante todos los títulos de crédito, mientras sólo el espectador y Benny saben que estos acaban de ser vendidos.