jueves, 30 de septiembre de 2010

"Reflejos" en IoSonoValeria

A menudo, esto de ser un concursante constante y tener la cabeza enterrada en el mundillo de la literatura "virtual" te proporciona gratos encuentros por correo que conllevan al descubrimiento de nuevos rincones especiales y bitácoras afines que de otra forma sería bastante difícil encontrar. Este es el caso que me ocupa hoy, que bien merece su propia entrada, pues Valeria Tittarelli ha tenido a bien publicar en su blog dedicado a la literatura el microcuento fantástico con el que recientemente he quedado finalista del VIII Certamen de Microcuento fantástico de la revista digital miNatura.

Podéis leer Reflejos siguiendo este mismo enlace.

Gracias Valeria por tu interés y por esa labor tan bonita de ir recopilando micros y relatos, pequeñas píldoras literarias que ayudan a llevar mejor el día.

Espero que lo disfruten.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Finalista del Octavo Certamen de Microcuento miNatura

No sé por qué extraño capricho del duende de los certámenes literarios, casi siempre que he regresado este año de una de mis fugaces escapadas con Almu, me he encontrado con la estupenda noticia de una nominación, publicación o puesto de finalista en algún concurso.

Esta vez estoy especialmente contento porque se trata de un microcuento, género con el que no estoy del todo familiarizado, pero gracias al cual he conseguido ya un par de éxitos notables: ganar el IV Teseo y, en esta ocasión, colarme como tercer finalista en el prestigioso Certamen Internacional de Microcuento de la revista digital miNatura.

Se trata de una publicación que cuenta ya con ocho ediciones, y que en breve verá la luz en su último número, del que puedo estar orgulloso de formar parte con mi microcuento fantástico Reflejos.

En otro orden de cosas, seguimos en plena campaña de promoción del primer número del PerVersiones, que está teniendo una acogida increíble e inesperada en Cyberdark (ocupando puestos de privilegio entre los más vendidos durante algún tiempo) y de la que el solicitado crítico y corrector Fernando Martínez Gimeno está haciendo una serie de reseñas en la web OcioZero, que pueden leer aquí en forma de comentario y de entrevista.

domingo, 19 de septiembre de 2010

"Un barco del Norte" en Nanoediciones


Mi segunda colaboración con la editorial de narrativa ínfima regentada por Julio Igualador trae el microrrelato con el que fui ganador del IV Certamen Teseo, de título "Un barco del Norte", que trataba de contestar a la pregunta ¿Qué eligen las valkirias? y que ya algunos pudísteis leer aquí en mi blog o en la web del multiverso, donde es convocado el concurso (y que próximamente verá su quinta edición, organizada por un servidor...).

Una vez más, el formato de maquetación de Nanoediciones se ajusta como un guante al texto, y desde aquí agradezco de nuevo la confianza que Iulius deposita en mí y en tantos otros escritores que podemos ver publicados nuestros micros en un proyecto que cada vez cuenta con más adeptos, más distribución, y al que le auguro un futuro aún más prometedor si cabe.

Como siempre, os recomiendo que os imprimáis (gratuitamente, por supuesto) mi pdf e intentéis doblarlo y darle vida, pues el resultado lo merece, y si ya puestos le cogiérais el gusto, tenéis más de 50 y una curiosa nanoestantería para completar la colección y poder exhibirla. Os aseguro que la relación calidad-formato no tiene parangón.

En otro orden de cosas, y aunque fuera eclipsada por la noticia que paralizó mi mundo durante varios días, justo esa semana me enteré también del resultado del fallo del I Certamen de relatos de terror y fantasía oscura "Realidad Incoherente", donde mi relato "Cuando se supone que una madre abraza a un monstruo" quedó en el noveno puesto de entre un total de alrededor de cien relatos presentados a concurso.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Salto al vacío, o de cuando los sueños se hacen realidad...

Recuerdo cuando apenas contaba con siete años y ya moría en ansias garabateando lo que por aquel entonces tenía en mente que debía ser una novela. Recuerdo que me tiraba las horas muertas escribiendo con lápiz sobre las cuartillas que me traía mi padre de su trabajo, torciendo los renglones hasta conseguir una perfecta diagonal, en ocasiones ilegible. Recuerdo que, desde siempre, escribir ha sido una parte indisoluble de mi vida, algo inherente a mi personalidad y a mi forma de ver el mundo.

Por eso, cuando el día 7 de este mes de septiembre recibí un e-mail de la editorial Saco de Huesos notificándome que querían publicar mi antología de relatos, comprendí que, en ocasiones, los sueños de uno podían llegar a hacerse realidad.

Desde luego, es la oportunidad más importante de mi trayectoria como escritor, llega en un momento en que realmente necesitaba dar un paso más allá, y no tengo ninguna duda de que me aferraré a ella y no la dejaré escapar. Desde aquí, no tengo más que palabras de agradecimiento hacia Juan Ángel Laguna, Pedro Escudero, Miguel Puente y David Jasso, los cuatro miembros fundadores de Saco de Huesos que han apostado por mí.

Es este un humilde sello con la fuerza del romanticismo por bandera: una editorial fundada por escritores y para escritores, por personas que conocen perfectamente el estado de la literatura de género, pues ellos son la literatura de género en este país, y saben que, especialmente el relato, necesita de toda la ayuda del mundo para salir a flote desde las profundas e intempestivas aguas de internet, como así nos lo hace saber Juan en esta estupenda entrevista realizada por la compañera Pilar Alberdi.

Por ahora no puedo dar más datos. Sólo diré que mi libro pasará a formar parte de la colección A Sangre, donde ya tiene una antología ilustrada el escritor Miguel Vilar-Bou.

Por supuesto, aquí iré subiendo todas las noticias que vaya recibiendo sobre el tema, pues a partir de ahora se inicia para mí ese proceso tan bonito que es el de la publicación, con el que cualquier escritor, sea cual sea su condición, siempre ha soñado alguna vez

jueves, 2 de septiembre de 2010

El nuevo conquistador

Crítica a "The Limits of Control", de Jim Jarmusch

Nuestro hombre se viste de azul, cubriendo su cuerpo enjuto con la pátina de la seriedad que le otorga el traje. Sus movimientos son pausados, seguros; su hablar es confiado, receloso; sus ideas son claras como un día de verano: dos cafés en tazas separadas y nada de sexo con la de las tetazas, que no es lo mismo, pero viene a ser parecido. Todo en esta cinta tiene un propósito, aunque Jim nos lo oculte durante casi todo el metraje. Como es habitual en él, deja que el film respire y tome conciencia de sí mismo, al igual que hace Isaach de Bankolé, cuyos ejercicios de respiración, a pesar de lo que pudiéramos pensar, no son tanto espirituales como puramente físicos. The Limits of Control resulta ser una sucesión de eslabones iguales, pero distintos a nuestros ojos. Al cinéfilo le resaltará especialmente el eslabón de Tilda Swinton, al melómano el de Luis Tosar, al adicto al opio el de Gael García, al físico convencido el de Youki Kudoh... pero, al fin y al cabo, todos ellos resultan ser cimientos de una misma búsqueda. Una búsqueda seria, la más seria que recuerdo, como así nos lo hace ver el héroe de la película. Héroe merecido y sin paliativos, puesto que acaba salvando lo más grande que jamás se haya tenido que salvar en una película. Y eso que salva es aquello que nos hace únicos, aquello que nos define como humanos y que a muchos de nosotros aún nos mantiene respirando en esta vida huérfana de sentido: la cultura. Y más que la cultura, el afán por aprender. El ansia por rebasar nuestros sentidos, por preñar nuestro deleite en favor de una habilidad, de un arte que sublime el conocimiento, que nos haga recordar que el hombre empezó a ser hombre desde el momento en que empezó a trascender su muerte. Mientras tanto, se nos muestra España como nunca antes: un Madrid de graffitis en las esquinas, una Sevilla de azulejos sucios, una Almería de polvo entre matorrales secos. Y por encima de todo, el español como lengua paradigmática de transmisión de la cultura. De hecho, no es descabellado pensar que el personaje de Isaach represente la figura del nuevo conquistador. Como digo, el asunto es serio. Y como nunca antes hubiera esperado, el maniqueismo resulta aquí necesario y hasta esperanzador, aunque no evidente. No sabemos quiénes son los buenos ni quiénes los malos hasta el final, pero sólo porque nuestra mente narrativa, influenciada por las convenciones del género de espías, presupone una búsqueda material y un trabajo de sicario. Y sin embargo, nada más alejado de la verdad.

El protagonista es un asesino, sí, pero de cuadrículas, un matador de guiones, un estrangulador de burocracias. Acaba con los malos más malos, con los malos de verdad, aquellos que están en contra del hombre, de la vida interior, del arte, de la cultura, del ser inquieto que no persigue metas, sino que disfruta del camino intangible. Poco a poco se nos va revelando que lo importante es ese café separado en dos tazas, el matiz de unos labios rojos de amante y actriz de cine, el juego interminable de cerillas y de números absurdos que llevan a más cerillas y más números. El detalle es lo esencial, el atribuir sentido a aquello que no lo tiene para los demás. El resto es trabajo sucio, pero trascendente. Por eso, Jarmusch no se para a contarnos cómo nuestro héroe logra entrar en el refugio del malo. De hecho, hasta poco antes de esa escena dudábamos de que existiera un malo, e incluso sospechábamos de que el malo fuera nuestro héroe. Entra y punto. En un absurdo ejercicio de metalenguaje cinematográfico que golpea directamente en el estómago de aquel que exige explicaciones. Estamos a la entrada de la cueva donde nace la magia, señores; ante lo inesperado, lo inexplicable, la sutileza, lo eterno. Isaach entra y sesga la vida del inquisidor con la cuerda de una guitarra. Toca la más bella canción con la piel desgarrada de su cuello profano. Hace arte con la sangre derramada. Gana lo bohemio, vence la droga de la mente y la música del alma. Ganamos todos. Pero para ello hemos tenido que ponernos antes el traje de sicario, el mono de trabajo. Nos hemos tenido que poner serios, vaya. Lo que viene después, con nuestro hombre reconvertido en hombre, embutido en un chándal Puma, ya no le interesa a la cámara, que cae en espiral sacando al héroe de plano. El director ya ganó su guerra contra la estupidez. Ahora nos toca a nosotros combatir.