lunes, 31 de mayo de 2010

Bases del certamen Karma Sensual VI: No hay dos sin tres

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martes, 25 de mayo de 2010

Lady Blue Shanghai

A falta de noticias sobre un nuevo trabajo cinematográfico, los lyncheanodependientes adictos a la magia sensorial del de Missoula tenemos que contentarnos con los proyectos musicales, cortos, anuncios y cuadros que el bueno de David va publicando de vez en cuando. En esta ocasión, lo cierto es que la fusión entre corto y comercial para la marca Dior está muy próximo al Lynch de INLAND EMPIRE, al menos lo suficiente para que podamos estar de enhorabuena, ya que en estos 16 minutos queda patente esa evolución hacia la imagen sucia, distorsionada y onírica del digital, su querencia por las historias de amor imposibles en lugares exóticos, y esa extraña habilidad para confeccionar bandas sonoras atmosféricas e inquietantes...




jueves, 20 de mayo de 2010

Proyecto (Per)Versiones

Hará ya casi un año que a unos pocos en la página de sedice se nos ocurrió la bonita idea de publicar una antología de relatos para dar rienda suelta a la creatividad encorsetada a consursos que pululaba en el ambiente del foro. Poco a poco, el proyecto fue tomando forma y al carro se subieron unos cuantos más con ganas de hacer trascender la idea original y convertirla en algo importante. A día de hoy, el proyecto PerVersiones cuenta con página propia en facebook y un blog gestionado por todos nosotros, así como pronto contará con publicidad en varias páginas de literatura de género, en casi todos los blogs personales de los autores y hasta con una nota de prensa. Todo este afán por darnos a conocer no lo mueve otra cosa que la ilusión y la seguridad que tenemos de que la antología merece atención por parte de un público más amplio. Queremos llegar a los lectores, y estoy convencido de que, con el empeño de este grupo, pronto se conseguirá el objetivo. Además, el proyecto no se limita a esta primera antología de perversiones de cuentos populares (cuya información tenéis más adelante), sino que ya está en proceso de maquetación el segundo número (centrada en perversiones de acontecimientos históricos, del que no formo parte), y en proceso de escritura el tercer volumen (de temática muy actual y en el que me encuentro trabajando). Hasta dónde lleguemos, sólo el tiempo lo dirá, pero por ahora, estad bien seguros de que el primer número y germen de todo el proyecto verá la luz muy pronto, y pocos seréis los que no encontréis entre sus páginas un motivo por el que no haceros asiduos a la colección.

Fecha de lanzamiento: Junio 2010
Número de Páginas: 240
Portada: Jonathan Cheuken
Prólogo: José Antonio Cotrina
Precio: 11,38 €

Los cuentos existen desde siempre. Desde algún momento impreciso de la historia del hombre, cuando éste comprendió que, además de poder hablar de lo que existía también se podía de lo que no lo hacía.
Y que era más divertido.
En esta antología los autores revisitan los cuentos clásicos, cada uno a su manera y dándoles nuevas visiones. Porque en cada cuento se ocultan otros muchos que dependen de la imaginación de sus lectores.
Cuentos tenebrosos unos y llenos de humor otros. Cuentos que harían sonrojar al más avezado. Cuentos de las más variadas clases y estirpes que puedan imaginarse.
En este volumen recopilamos algunos de esos cuentos, tomados de los clásicos y reinventados para la ocasión.
Esperemos que disfruten de ellos.


Este volumen de (Per)Versiones lo componen un total de 26 relatos:

El viaje de Gulliver al planeta Liliput (Jorge Asteguieta Reguero)
Creciendo en Nunca Jamás (Moisés Cabello)
El placer de comer (Ignacio Cid Hermoso)
Goldilocks y los osos montañeses y zombies (Susana Eevee)
Chufo o chota (Aintzane Egiluz Romero)
Hasta las cenizas (Héctor Gómez Herrero)
La túnica del profeta (Alejandro Guardiola)
Pulgarcito (Eugeni Guillem Darné)
Shazam (Julio Igualador)
La tirana de Oz (Antonio J. Llatas López)
El asesinato de Abuelita (Laura López Alfranca)
Alicia en el País de las Pesadillas (Sergio Macías García)
El gigante dormido (Mario Manzano Vázquez)
La cigarra y la hormiga (Josep Martin Brown)
Tres cerdos (Ricardo Montesinos)
Blanche al desnudo (Ana Morán)
La Reina de las Nieves (Diana Muñiz)
Noche de castigo en Hamelín (Manuel Osuna)
De lo que le conteçió a un mancebo que casó con una muger muy fuerte y muy brava (Juan Carlos Pereletegui)
El patito feo (José María Pérez Hernández)
Desvestiándose (Virginia Pérez de la Puente)
La dama del bosque (David Prieto)
Eterna ensoñación (Laura Quijano Vincenzi)
Playback para una sirena (Leonardo Ropero)
El sótano (Juan José Tena)
Huan sin miedo (Alex V. Vegas)

sábado, 15 de mayo de 2010

Relato ganador del IV Certamen de microrrelato Teseo


Esta misma tarde ha fallado el IV Certamen de microrrelato Teseo, organizado en la página de El Multiverso. Este certamen se basa en la dinámica de responder en apenas quinientas palabras a la pregunta lanzada por el organizador (que es el ganador del Teseo anterior, y que en este caso se trataba de ganadora: Virginia Pérez de la Puente). Debo confesar que a punto estuve de no participar, pues la pregunta: ¿Qué eligen las valkirias? no me acababa de inspirar. Sin embargo, aprovechando un momento de lucidez en el metro, se me ocurrió que, ante mi desconocimiento de la mitología nórdica, lo más sensato sería adaptar la pregunta a lo que mejor sé hacer: utilizar la fantasía para contar historias reales. El resultado no ha podido ser mejor, puesto que me he llevado el certamen, seguido muy de cerca por otro estupendo relato, y en dura competencia con un total de 29 textos, casi todos ellos de un gran nivel.

Así pues, qué mejor que colgar el susodicho relato para que lo lea quien quiera y así lo pueda juzgar de primera mano.


Un barco del Norte

Sangre de Odín corre por sus venas. Sangre blanca calentada al fuego de guerras pretéritas. Ella y las demás, todas ellas valkirias en tiempos difíciles, parecen abocadas a un fatal desenlace.

No hace mucho tiempo, tan sólo unos meses atrás, sus deseos habían cristalizado en falso, dando forma a vagas promesas como la conquista de otras tierras, lejos de su patria, donde la vida les habría de resultar más fácil o más vida. Pero aquel tipo las fue engañando una a una, en guerra sucia y desigual, paradigmática de la vileza del hombre cruel y cobarde. Embarcaron en busca de su porvenir y se encontraron con la esclavitud. Todas aquellas desheredadas del norte de Europa, sin sueños más allá de sus deseos, acabaron sellando su destino para siempre. Un destino crudo como la carne en venta, despeñadero de chicas valientes, empeñadas en guerrear.

—Esta noche tendremos nuestra última oportunidad —dice Anna, la más bella, la más joven, la más convencida de todas.

—Pero… nunca lo conseguiremos. Están armados… nos matarán a todas…

Una valkiria no teme a la muerte. Una valkiria hace del abismo su propia elección.

—Son hombres armados, es cierto. Hombres malos. Pero nosotras somos guerreras. Descendientes de la bella Asgard. Con sus huesos levantaremos nuestro castillo. Con sus ojos buscaremos nuestra libertad.

Una valkiria nunca agacha la cabeza ante la brutalidad viril. Una valkiria nunca se rinde ante el músculo sin seso.

—Sólo dispondremos de unos segundos, justo cuando abran el contenedor para servirnos la cena. Esa será nuestra única oportunidad.

El océano les servía de cuna, meciendo el barco donde naufragaba su miedo. Encerradas en una lata, en un contenedor industrial, presas de la trata de blancas, consumían sus últimas horas con dignidad. Sus rostros eran negativos recortados contra las paredes de metal, que filtraban sus ganas de venganza a través de unos ojos acostumbrados a la penumbra. Material de prostitución de primera clase. Se miraban sin verse, con los rostros sucios y desnutridos, temiendo y deseando que llegara el momento definitivo.

Al caer la noche, cuando el hombre gordo de acento ruso abrió el candado y destapó la cajita de las muñecas, Anna se abalanzó sobre él. Arrebatándole la pistola, apretó el gatillo y transformó su cara en una flor roja. Las demás saltaron por encima de ellos, salieron a la noche vistiendo harapos, telas sucias y rasgadas. Con los pechos descubiertos, los ombligos impacientes y el orgullo entre los dientes, las mujeres eludieron su destino y se enfrentaron a una muerte segura. Los captores cayeron al agua, aullaron, despertaron, reaccionaron, dispararon… y finalmente vencieron.

Pero nunca más volvieron a someterlas. Nunca llegaron a puerto con la mercancía.

En aquel barco del Norte sólo había dos opciones.

Y las jóvenes valkirias eligieron morir.


sábado, 8 de mayo de 2010

CRASH: Sexo con olor a metal

Es increíble descubrir cómo años después de haberla visto, Crash sigue acudiendo a tu mente una y otra vez, insinuando que has pasado por alto lo que creías estar pasando por alto mientras la veías, asegurándote que hay mucho más detrás de toda esa fría perversión... y de hecho lo hay, pero quizás más como valor subjetivo que como mera definición. ''Crash'' deja bien claro sus intenciones desde la primera secuencia, con la rubia Déborah Kara Hunger destilando sexo por sus poros mientras se deja follar contra la fría superficie pulida de una avioneta. Sus manos se deslizan con lujuriosa avidez por el metal, e intuímos que es ese contacto el que la lleva al éxtasis erótico, no el hombre que tiene por detrás. Si Lynch es el que pone los límites de la abstracción y la intuición del espectador, y Haneke es el que peor nos hace sentir delante de una pantalla; Cronenberg es el que pone los límites de la visceralidad y la degradación humana. Jamás se mostró en pantalla un comportamiento sexual tan desviado y contranatura como en esta cinta, ni siquiera en La Pianista, y me atrevería a decir que tampoco en ninguna hard-porno de esas que consumen los más desquiciados. No al menos como se exhibe aquí, de una manera tan inteligente y, a pesar de lo que uno pudiera pensar, con tan buen gusto.
Cronenberg nos muestra la desviación psicológica de las personas a través de su corrupción sexual y su deformación física, conjugando elementos tan opuestos a priori como los accidentes de tráfico y el placer sexual; la carne abierta, cicatrizada y deformada con la sensualidad inherente de los orificios naturales del cuerpo humano. Estamos ante una película salvaje, incómoda, alarmantemente excitante, que se basa en escenas de sexo explícito alternadas con escenas de sexo verbal, en una escala que va de lo perverso a lo gravemente enfermizo. Elías Koteas realiza una interpretación descomunal (que pocos serían capaces de llevar a semejantes extremos) al convertirse en un amante de los accidentes legendarios de coche, cuya idiosincrasia recrea junto con un grupo de personas que, como él, parecen obtener una satisfacción orgásmica de esta actividad, algo que el sexo no parece proporcionarles. Cuando el protagonista, un joven director (James Spader) colisiona con el coche en el que viajaban Holly Hunter y su marido, vemos cómo este sale despedido y muere en el acto, pero quedamos atónitos al comprobar que la primera reacción de la aturdida mujer es destaparse un pecho y enseñarlo al ocupante del otro vehículo, el malogrado Spader. A partir de entonces, Spader conoce a Koteas y queda enganchado a esa extraña droga de riesgo, adrenalida, sangre y sexo que le ofrece, abriéndole ese mundo de perversión a su también insatisfecha mujer (la Hunger), quien parecía haber estado esperándolo desde hacía mucho tiempo. Los personajes de esta cinta no parecen conocer lo que es el amor, parecen afrontar sus relaciones sexuales (incluso con otras personas) absolutamente faltos de esperanza por obtener un placer que se nos antoja más espiritual que meramente carnal. Cuando la Hunger llega a casa y se encuentra con su marido, este le pregunta si esta vez ella se ha corrido (ambos han tenido sexo con otras personas en sus respectivos trabajos), y ella le dice que no, a lo que él contesta que quizá la próxima vez... Entendemos entonces que ambos viven en una continua búsqueda de la felicidad basada en el placer, quizá metaforizando la frenética monotonía de nuestro estilo de vida actual, en el que nada parece satisfacernos por completo. Tan sólo una experiencia nueva y arriesgada como la que se les presenta, que les exige ponerse al límite cada vez, salvando la delgada línea que les separa de la muerte para obtener así lo que buscan, parece llenarles de una forma distinta. Los accidentes de coche se nos antojan viscerales, con todos esos hierros humeantes y retorcidos impregnados de sudor y sangre, mezclándose dolorosamente con la carne y cobrando una textura orgánica bastante inquietante que basta como estampa visual para poder entender la atracción sexual que genera en esas mentes enfermas, alienadas quizá por una sociedad conformista que nunca aceptaría su comportamiento. Sin embargo, nuestros protagonistas jamás se plantean el porqué (si acaso vagamente) ni tan siquiera parecen extrañarse ante la existencia de este peligroso juego mortal, lo dan por hecho y lo aceptan, lo que podría interpretarse como la intención de Cronenberg de dejar en evidencia el grado de perversión al que ha llegado la humanidad, empujado por la monotonía y la gradual pérdida de los sentimientos ante semejante bombardeo de salvajadas y actos atroces que vemos y sufrimos a diario.
El film, por tanto, ofrece varias e inquietantes lecturas, todas ellas relacionadas con la soledad del ser humano en su eterna búsqueda de algo que le merezca la pena experimentar en un mundo extasiado de sí mismo. Cronenberg insinúa creación y fertilidad en el accidente, permuta el concepto de desastre en algo cuanto menos productivo (y así nos lo hace ver continuamente diciendo que desde el accidente parece que hubiera más coches en las carreteras). Intenta así confundirnos y dejarnos sin aliento, casi hasta sin capacidad de análisis (y lo consigue, pues tuve que esperar varias meses para poder asimilar lo que había visto). Crash bebe temáticamente de las aguas turbulentas de Tetsuo, pero su estética no es tan asfixiante y hortera como esta, sino que es Cronenberg puro: sugerente, morbosa, muy morbosa, orgánica y desoladora.

SPOILER

Al final, cuando Koteas ya ha perdido la vida y Spader parece desear lo mismo para sí mismo y para su novia, vemos cómo ella queda sepultada y herida bajo su coche, y él se le acerca y le pregunta si esta vez lo ha conseguido. Ella, desolada y aturdida, le vuelve a decir que no; a lo que él, mientras la toma por detrás, le vuelve a contestar que quizá la próxima vez... quizá la próxima vez...

martes, 4 de mayo de 2010

El niño que bailaba bajo la luna

En ocasiones, uno tiene la suerte de encontrarse con cuentos verdaderos, de esos que realmente te dicen cosas sobre su autor. En ocasiones también, estos cuentos, aun siendo íntimos y personales, son capaces de transmitirle algo muy concreto al lector. Y no me refiero a la mera transmisión de un concepto, ni tampoco a la simple empatización de una idea. Me refiero a los sentimientos, al estado de ánimo durante el mismo proceso de escritura, a esa sensación que rara vez se consigue y que muchos llaman magia.
El Niño que Bailaba bajo la Luna, de Juan Ángel Laguna Edroso, consigue despertar todo esto en quien lo lee.
Y lo consigue por dos razones...

La primera es que no estamos hablando de un libro al uso. Todo en él es especial: el papel, de textura extraña y tinta suave, con letras que te responden al tacto cuando las acaricias con los dedos; la traducción al francés, buscando, creo yo, la musicalidad antes que la internacionalidad; y los dibujos, con el trazo cinético de Gilbert Capietto, que beben del alma del texto y lo transcriben en retazos de sombras y fragmentos de niño, tumbas abrazadas por raíces y cipreses encendidos. Incluso hay banda sonora, del multidisciplinar artista Félix Royo, compuesta por ocho piezas que emocionan, envuelven y mecen al lector (aunque a estas alturas, ya resulta ridículo utilizar el simple término de lector). Como digo, El Niño que Bailaba bajo la Luna es una obra agregada, complementaria, consciente de su propia condición experimental y atractiva.

La segunda razón, como no podía ser de otra forma, es lo que cuenta, y más aún, cómo lo cuenta. Juan Laguna es alguien con quien he tenido el placer de coincidir en varias ocasiones dentro del mundillo del cuento. Por lo poco que sé, compartimos la misma pasión por la escritura y nuestras ideas suelen brotar de cementerios contiguos, por lo que no me resultó difícil entender el fondo y la forma, compartir el cuento, hacerlo mío.
Se trata de una fábula sobre lo excitante que resulta el mundo cuando uno es un niño, lo fácil que es hacer las cosas al revés de lo que esperan los adultos, y la añoranza (e intención implícita) de no querer dejar nunca de ser ese niño. Los motivos no los desvelaré, pues no me gusta hablar de la sinopsis de un cuento, sino de lo que un cuento me dice. Y este me dice que el autor cree en los sueños, en los fantasmas, en los cementerios y su vida oculta, en la luna y su romanticismo.
Es un relato de descripciones, de atmósfera, casi como la bruma que se escapa entre las verjas del cementerio; avanza, se detiene, en ocasiones mira atrás, y finalmente se esconde entre las sombras. Pero entre medias baila y hace bailar a su niño. De una forma visceral, enloquecida y encantadora, convirtiéndose en la escena memorable de un cuento que se disfruta enteramente, y cuyo final, aspecto de suma importancia en el relato corto, es capaz de trascender con elegancia y sin absurdas explicaciones. Pues todo lo que no se nos ha contado hasta ese momento, lo hemos tenido que sentir ya. A la fuerza.

Edito: para quien se quiera descargar el concierto de Félix Royo, no tiene más que pinchar en este enlace. Exquisito.